1/12/09

Sinestesia

Laura es esbelta y bonita. Tiene 19 años, y VIH. Tiene mucha gente que la quiere, y alguna vez también tuvo cosas que ahora considera superficiales e innecesarias. 
Si hablamos de tener, no podría dejar de mencionar que Laura cuenta con un sexto sentido: Ve en los ojos de las personas lo que sus bocas callan. Tal es así que siente el amor en la mirada de sus padres, se inunda en el temor de las pupilas de su novio, se llena de la compasión que encuentra en los ojos de su hermana, se desanima en la impotencia que se apodera de sus amigos, le hace frente al rechazo de quienes cargan su espalda con prejuicios y se abraza a la esperanza que siempre le brindó su médica. Y sus ojos escuchan: ¿Por qué a ella?
Laura escucha música, está un tanto perdida pensando en estas cosas y en algunas otras. Se encuentra de pie, frente al espejo de su habitación. Observa en él sus ojos con detenimiento y ve en ellos -no a través de ellos- los ojos de sus padres, los de su novio, los de su hermana, los de sus amigos, los de su médica, y hasta los de algunos desconocidos. Es que, indudablemente, en sus propios ojos hay también amor, temor, compasión, impotencia, prejuicios…esperanza. Y, por sobre todas las cosas, palabras que se vuelven un silencio a gritos: ¿Y por qué no a mí?
Entonces ahora sonríe. Sale de su habitación, abre la puerta y camina con cadencia sorteando miradas y palabras no dichas. Y vive la vida con el vértigo de una alevilla.


[1º premio, Concurso "Cultura Positiva" - Categoría "Literatura",
Secretaría de Cultura de la Nación y Fundación Huésped].

Cultura Positiva (+)





17/5/09

Hacía tiempo que los domingos no eran tan tristes...

¡Gracias por el fuego!

Mario Benedetti (1920 - 2009)


La culpa es de uno

Quizá fue una hecatombe de esperanzas,
un derrumbe de algún modo previsto.
Ah, pero mi tristeza sólo tuvo un sentido…

Todas mis intuiciones se asomaron
para verme sufrir,
y por cierto me vieron.

Hasta aquí había hecho y rehecho
    mis trayectos contigo,
hasta aquí había apostado
a inventar la verdad.
Pero vos encontraste la manera,
    una manera tierna
    y a la vez implacable,
    de desahuciar mi amor.

Con un solo pronóstico lo quitaste
    de los suburbios de tu vida posible,
lo envolviste en nostalgias,
lo cargaste por cuadras y cuadras…
y despacito,
sin que el aire nocturno lo advirtiera,
ahí nomás lo dejaste
a solas con su suerte
    que no es mucha.

Creo que tenés razón:
la culpa es de uno cuando no enamora,
    y no de los pretextos
    ni del tiempo...

Hace mucho –muchísimo-
que yo no me enfrentaba
como anoche al espejo.
Y fue implacable, como vos,
    más no fue tierno.

Ahora estoy solo,
francamente
    solo.

Siempre cuesta un poquito
empezar a sentirse desgraciado.

Antes de regresar
a mis lóbregos cuarteles de invierno,
con los ojos bien secos
por si acaso,
miro como te vas adentrando en la niebla…
y empiezo a recordarte.

2/10/08

Espectros


Llevábamos una vida simple y bohemia, sin sobresaltos. La casa era más bien pequeña, aunque lo suficientemente amplia como para albergarnos a los dos. Nos sentíamos cómodos allí y no necesitábamos de muebles para estar a gusto con el lugar. Nos bastaban una cama baja, un baño en el fondo y una cocina diminuta para sentirnos completos. Teníamos un espejo antiguo y fino, ubicado estratégicamente frente a la cama. No lo habíamos comprado nosotros, sino que pertenecía a los anteriores propietarios de la casa, quienes habían decidido que se quedara allí.
Cada mañana, Manuela despertaba con su encanto y se detenía frente al espejo. Miraba más allá de la imagen que este le devolvía, como si buscara algo...Yo prefería iniciar el día antes de que ella lo hiciera, para no perderme ese acto solemne, el de su majestuosa figura frente a un reflejo casi tan hermoso como ella misma. Era un duplicado de belleza, como amarla dos veces en ese ritual de perfección…
Hasta el día de hoy no logro comprender por qué una mañana Manuela ya no despertó junto a mí, ni se miró en el espejo. Por qué ya no estaban sus cosas. Por qué ya no estaba ella.
Quizás en su reflejo encontró aquello que buscaba tras cada despertar, o tal vez decidió partir y seguir la búsqueda en otros lugares. Lejos de aquí, lejos de mí…La única certeza que tengo es que a partir de entonces quedaron en la casa, como única compañía, un tenue olor a humedad, una taza de café a medio tomar, una colilla de cigarrillo y un espejo…vacío.

[Mención especial, XII Certamen Literario J.U.R.E.C. - Cuento corto, categoría "D", 2008].

Devolución del jurado: "Las cosas de la vida suceden y la realidad se sobrepone a toda explicación. Por eso me emocionó cómo la certeza final se impone con la dureza de la evidencia. Es un auténtico cuento corto: el gusto queda en el paladar mucho más allá de concluida la lectura. Eso es lo que debe lograr un cuento". 

10/6/07

Fue lindo

"Vos viste cómo es Macarena...Sí, en serio, así como te digo, estaba sentada en el pasto y la vi. Me le acerqué. Me iba a saludar y le dije que no, que se quede quieta... tenía algo en la cara. Era esperable, vos viste cómo le gustan el pasto, los árboles, recostarse, cerrar los ojos y sentir con los dedos la punta de los pastos, acariciarlos un poco, aplastarlos con la palma de la mano, darla vuelta y apoyar el revés...
Bueno, el tema es que me acerqué. Se quedó quieta. Le dije que cierre los ojos, me acerqué un poco más y soplé con suavidad. Se salieron. Las pecas empezaron a correr, cuello abajo, y se fueron. Le nevaron por el cuerpo. Fue lindo".


(G.F. / MALAREPUTACION).

24/6/06

Mariposa

Eran las cinco de la mañana cuando por fin salió el sol. Esa esfera brillante de fuego siempre había sido algo inalcanzable para mí. Sin embargo, estaba ahí siempre, quieto. Parecía incluso que me esperaba...
En ese momento se levantó una suave brisa que me recorrió por completo, entonces observé cómo las hojas de un árbol seco caían lentamente, hasta que quedó de él sólo un tronco viejo y solitario.
Observando con mayor precisión, vi que había junto al tronco una flor azul. De todas y ninguna parte salió nuevamente una corriente de viento que amenazó con derribarla.
Desde mi ubicación, en lo alto del cielo, la vista era maravillosa. Pero luego de tanto pensar, recordé -quizá se me había olvidado- que las mariposas no piensan.


[1º premio, X Certamen Literario J.U.R.E.C - Cuento corto, categoría "C", 2006]